VIOLENCIA DE GÉNERO
“…las Senchis, entraron, durante toda la noche golpearme…después comenzó abusarme, violarme, a mi me violaron toda, durante la noche; yo gritaba, pedía auxilio, me metieron pañuelo a mi boca…esa noche me violaron siete (…). Bueno examen médico, me dijo que estás abusada, estás embarazada…”. “Yo desde esa fecha me he puesto traumada totalmente…, quería matarme, quería tomarme algo, todo he intentaba tomar hasta tomaba puro limón cualquier cantidad, para mí hacía conseguir limón, me saltaba, quería morirme yo…”. “Yo pensaba que entre mi, ese producto… ¿es cuántos?, como un mostro será… ¿cómo estará creciendo en mi adentro?…, cuántas tantas personas me han abusado…”(1).
El testimonio de Georgina es una de los miles de mujeres, hermanas nuestras, que vivieron y viven sumidas en la exclusión social y discriminación, en una sociedad como la nuestra, donde es doblemente pobre: por ser de origen andino y por ser mujer. Como vemos, no sólo fue víctima de la violencia política, además, de violencia de género, es decir, sufrir aquella violencia por el simple hecho de ser mujer.
Antes de hablar de violencia de género primero debemos precisar qué es género. Se define género, como el conjunto de características culturales o de valores atribuidos a una persona según su sexo. El género dice que ser hombre o mujer está determinado no sólo por la asignación biológica (de sexo), sino por valores que se crean y reproducen a través de la cultura que lo dictan. Al identificarnos con nuestro rol de género (es decir, si se percibe a sí mismo como un hombre, una mujer, o de otra manera menos convencional), generamos muchos conflictos y pueden estar afectados por una variedad de estructuras sociales, incluyendo el grupo étnico de la persona, su estado laboral, su religión y su familia.
Entonces, la violencia de género hace referencia a todos los actos de agresión física, sexual y emocional, que se desarrollan en un contexto de relaciones de poder, basadas en la manera como se construyen los géneros en cada sociedad. Quien detenta el mayor poder (generalmente el hombre), busca doblegar la voluntad del otro (generalmente la mujer) y/o mantener el ejercicio de ese poder cuando interpreta que éste se encuentra amenazado. Por razones culturales, sociales e históricamente construidas en el contexto de una sociedad patriarcal y autoritaria, existen relaciones asimétricas de poder favorables a los varones, y son quienes ostentan la autoridad en el ámbito familiar. La violencia generalmente ha sido dirigida en contra de las mujeres, pero también, aunque en menor medida, contra los niños y contra aquellos varones considerados más débiles o que se alejan del estereotipo hegemónico del varón heterosexual adulto.
Por lo tanto, ¿qué entendemos por Violencia en contra de la mujer? Es “…cualquier acto de violencia basada en género que tenga como consecuencia, o que tenga posibilidades de tener como consecuencia, perjuicio o sufrimiento en la salud física, sexual o psicológica de la mujer, incluyendo amenazas de dichos actos, coerción o privaciones arbitrarias de su libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada…” (2)
La violencia contra las mujeres en el mundo contemporáneo ha dejado de ser un problema privado, pasando a ser un problema social, un desafío para las políticas públicas. El reconocimiento público e internacional de las graves consecuencias de los hechos de la violencia doméstica o familiar para la salud colectiva se dio en los primeros años de la década de los noventa, siendo considerado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un problema de salud pública.
En el Programa de Acción de la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993, se declaró que los derechos de la mujer son una “…parte inalienable, integral e indivisible de los derechos humanos universales” y se reconoció que la violencia contra las mujeres constituía una violación de sus derechos humanos. Por recomendación de esta Conferencia, se aprobó la Declaración de las Naciones Unidas sobre Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, adoptada por la Asamblea General en diciembre de 1993. En 1994, por iniciativa de La Organización de los Estados Americanos, se suscribió la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer o “Convención do Belem do Pará”, siendo la primera región en el mundo que cuenta con un tratado específico sobre el tema. A partir de entonces, las mujeres víctimas de violencia pueden contar y recurrir a una instancia supranacional como la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Los gobiernos y estados de América Latina han suscrito acuerdos y declaraciones internacionales y han formulado medidas legislativas e implementadas en diversas acciones políticas y programáticas para erradicar la violencia contra la mujer.
No obstante, este contexto político-normativo favorable no se ha traducido en resultados concretos para millones de mujeres en nuestro país. Un Estudio Multicéntrico de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la Violencia de Pareja y la Salud de las Mujeres, que en Perú se realizó durante el año 2000 colaborativamente entre la Universidad Peruana Cayetano Heredia y el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, arrojó los siguientes resultados: En Lima, el 51% de las mujeres reporta haber sufrido alguna vez violencia física o sexual por parte de su pareja; y en el departamento de Cusco esta prevalencia de vida se eleva al 69%. Una de cada cinco mujeres ha vivido una experiencia de abuso sexual antes de los 15 años de edad en ambas zonas de estudio. El principal agresor sexual resulta ser un familiar masculino o alguien de su entorno. Otro hallazgo del estudio es que la violencia física contra un número importante de mujeres puede aumentar durante el embarazo y frecuentemente se focaliza en el abdomen. El principal agresor es la propia pareja. La prevalencia de vida de violencia física durante el embarazo en Lima es del 14,8% y en Cusco de 27,6% del total de mujeres alguna vez embarazadas.
Los resultados obtenidos a partir de estos datos cuantitativos, ha permitido conocer mejor las circunstancias, modalidades de presentación y efectos de la violencia en las mujeres y también en las niñas y niños que son testigos o víctimas de sus consecuencias al interior de la familia. Se estudió también las diversas estrategias que las mujeres aplican para tratar de liberarse de una situación injusta y cruel como es la violencia de género en el hogar. De otro lado, estudios más cualitativos han explorado cómo la violencia contra la mujer está enraizada en tradiciones culturales que la justifican, basadas en la mayor valoración de lo masculino, en el poder y en la autoridad socialmente conferidas a los varones sobre las mujeres. La persistencia de la violencia contra la mujer es favorecida por la presencia de impunidad y tolerancia social, así como por discriminación e inequidad de género en el ámbito público y privado. Se hacen necesarias estrategias preventivo-promocionales hacia un cambio cultural y social. Las cuales, hasta el momento, han sido poco abordadas.
(1) Testimonio de la señora Georgina Gamboa García, sesión 8 de abril de 2002. Audiencia de la Comisión de la Verdad. Georgina Gamboa, fue violada por siete efectivos de las fuerzas policiales (sinchis) en diciembre de 1981, en la localidad de Vilcas, departamento de Ayacucho.
(2) Declaración sobre la eliminación de la violencia en contra de la mujer de la Asamblea General de Naciones Unidas, 1993.
Ps. Pedro Alva Flores