UN MACHISTA VIVE SU DOLOR
Tras vivenciar una noche larga y pesada, donde los sueños movilizaron recuerdos del subconsciente, traté de asumir conciencia y percibir los estímulos externos que el ambiente mostraba, sin embargo, mi foco de percepción se fue alterando, reconociendo aromas del pasado, y escuchando voces repetitivas que indicaban, “Llorar no es de machos”, “Tienes que ser fuerte”. Trate de cogerme la cabeza, como manifestando lo pesado que resulta cargar con estas ideas arraigadas en mí ser, no obstante, mis manos no cumplieron mi mandato, pues mis brazos se tornaron frágiles, temblando y temblando, como si a esta edad el mal del parkinson me hubiese afectado. Pasaba segundo tras segundo, y ellas dejaron de temblar, quedándome pasmado, con la mirada hacia el vacío, señales de mi profundo dolor emocional, el mismo que solicitaba permiso, permiso para exteriorizarse y acabar con esta carga pesada, pesada y tan pesada que mi cuerpo tiene que soportar. Así de poderoso, el enemigo batallaba en mi interior; “Macho” enérgico y persistente, capaz de obstruir y asolapar hasta el más grande dolor, dolor que recibió súbitamente un rayo de esperanza y de expresión. Atónita señal fue la que recibió, ¡Plop, Plop, Plop!, levantando mí mirada, atiné a discriminar que alguien entraba tras la puerta de mi habitación, “ser humano”, capaz de escuchar, comprender y empatizar la carga emocional, capacidades tan deseadas por este asolapado dolor que mi cuerpo fuerte y firme escondían en algún lado de mi interior, sin embargo, este ente orgánico, era apoyado por un sistema de creencias, llamados “Los machistas”, que impedían la canalización y liberación de aquel gran dolor. No obstante, bastó la emisión de una encantadora voz, que persuadía e incentivaba la tan esperada exteriorización emocional, indicando ¿Cómo estás?, pregunta que movilizó océanos de sentimientos, sentimientos en lágrimas, que se canalizaban relucientes, como sí aquel dolor, estuviera agradecido ante su expresión. ¡Si que eres mi héroe, mi héroe, mi héroe! se escuchó desde el interior.
Gustavo Adolfo Morillo Ahumada
Estudiante de Psicología X ciclo