DE LA IMPOSIBILIDAD DE UNA PSICOLOGÍA PERUANA
Todos sabemos bien que la psicología practicada en nuestro país nos es importada desde sus inicios. Muchos hablan de un mimetismo de los paradigmas europeos y norteamericanos que hemos espejeado sin un proceso adecuado de asimilación y crítica dialéctica. Lo que es peor, hemos intervenido terapéuticamente al hombre y a la mujer peruana según los enfoques extranjeros; sin po-ner de antemano su cultura, su identidad, su historia, su problemática y, sobre todo, sin cuestionar que quizás la persona nacida y crecida en el Perú tenga una psique, diametralmente opuesta a la del europeo o norteamericano. La consecuencia directa podría ser la alienación y la despersonalización de los peruanos. El psicólogo y psicoterapeuta peruano se convierte así, en una extensión de las estructuras injustas, históricamente acentuadas en nuestro país. Contribuimos a la alienación y a la glo-balización salvaje, destruyendo nuestra identidad, y con ello, generando iatrogenia en la salud mental de los peruanos y peruanas.
Nace así un par de propuestas, la primera –y más osada a mi entender- es la de estructurar una psicología peruana; la segunda parece ser la de unificar enfoques, sintetizarlos y llegar a la uni-dad psicológica en el Perú. Ambas propuestas, de interés válido y con formulaciones igualmente importantes, me parecen – disculpando el atrevimiento- imposibles. Formar una psicología peruana, implica un análisis exhaustivo de la forma de pensar, sentir, asimilar, entender y actuar de la persona peruana; para llegar finalmente al arquetipo general del peruano, o en todo caso, elaborar un perfil psicológico en el que quepan la mayoría de peruanos. Sin embargo, recordando a Arguedas, no hay el individuo peruano, sino que nuestro país es una nación (o multinación) donde fluyen, y confluyen, todas las sangres. No existe el hombre o mujer peruano, existen las personas (individuos) en el Perú. Somos tan diversos, que basta viajar, desde donde esta-mos, cuatro horas, hacia cualquier lugar, para encontrarnos con otra cultura (nación) distinta. Tratar de encasillar al individuo peruano en una psicología "peruana", sería cometer el error primero de en-marcar al peruano en un "enfoque extranjero". Por ejemplo, si desde lima, generamos un enfoque aparentemente peruano, con base epistemológica, filosófica y psicológica; y lo llevamos a un pueblo amazónico, estos últimos lo seguirán viendo como extranjero, de hecho, literalmente lo será, pues la "nación" limeña es diferente a la "nación" de un pueblo amazónico; recordemos, por ejemplo, que en la Amazonía la influencia española ha sido prácticamente nula. Por otra parte, los mismos pueblos amazónicos, y otros más en la sierra y la costa, parecen tener algo así como su propia ciencia psi-cológica, o su manera de abordar los problemas psicológicos. Sus medios son ancestrales, de hecho, y si se desea una psicología peruana, primero habría que pensar en; si de algún modo, esa "psicología" ya existe, incrustada, en las prácti-cas de nuestros habitantes. Sin ánimos de ofender, y en mi opinión, una posible psicología peruana debería partir de las ciencias, prácticas y conocimientos de nuestros habitantes, antes que de una teoría "made in usa".
Sin embargo, creo también que no se pueden desconocer los enfoques extranjeros y relativizarlos, sino que hay que asimilarlos y buscar su aplicabilidad.
Por todo lo expuesto, hablar de una psi-cología peruana, insisto, me parece inviable. Más razonable, y factible, sería trabajar en base a distintos enfoques peruanos que partan de la cultura e historia del poblador peruano. Por ejemplo, habría que tener un esquema de tra-bajo y abordaje para los habitantes de la sierra ancashina del callejón de los Conchucos, tomando, antes que nada, su perspectiva y conocimiento previo que tienen de su propia psicología así como su historia, costumbres, ideales, pensamientos, idioma y un gran etcétera. Después habría que utilizar algún enfoque extranje-ro adecuándolo de la mejor manera para, al final llegar al abordaje. No sé si sería lo más idóneo, pero me parece viable.
La idea es que tengamos "varias" psicología peruanas, dependiendo de la zona en que se trate de entrar, sin pretender unificar nada, sino, simplemente, siendo lo suficientemente versátiles y humildes para dialogar.
La segunda propuesta, la de unificar enfoques, también me parece inviable, por una sencilla razón: la hybris. Selvini nominó hybris, al orgullo extremo de los miembros de la familia psicótica, orgullo que no les permitía modificar ni darse cuenta de su conducta psicotizante. Extrapolando el término, los psicólogos y psicoterapeutas peruanos están llenos de hybris como para animarse a unificar sus pensamientos, antes están ocupados en descalificar los enfoques de otros, sobre todo, los modernos; aunque también los "modernistas" se deleitan descalificando los antiguos.
Por otro lado, hay enfoques que divergen demasiado en sus fundamentos como para unificar: agua y aceite. Sin embargo, quizás le queda una tarea grande a nuestra generación: el DIÁLOGO y el RESPETO. Entrar en dialogos, podríamos entenderlo como sintonizar con las verdades (logos) de los demás, sin dejar nuestra propia verdad, incluso asimilando parte de las otras verdades. Las generaciones de los 70 y 80, tení
an como vicio y hobbie, el famoso debate, vicio que hemos mal heredado, pues lo entendemos como defender nuestra posición atacando a la otra, y lo hacemos con ataques bien fundados, ci-tando autores, devorando libros y siendo muy incisivos, incluso para atacar, no sólo, a la teoría sino a la persona que la profesa. El raje entre psicólogos peruanos, parece de talk show, sólo falta el famoso videíto o un ampay. Imaginemos el escarnio que se haría si algún chacal filmara a un lacaniano en una sesión de ayahuasca. Muchos quisieran que eso pasara, sin embargo, yo no veo lo risible ni lo escandaloso, uno es libre. Por tanto, el diálogo debe ser en respeto. Respetar, para entenderlo de manera vulgar, sería dejar que uno haga lo que quiere hacer sin juzgarlo. Claro, una crítica o sugerencia no le hará mal, pero no lleguemos a la denuncia ni al "raje" o a la tan temida censura de la asociación a la que se pertenezca.
Respetémonos y dialoguemos. Éstas dos actividades generan algo olvidado en el ámbito de los psicólogos: LA AMISTAD. A mi humilde entender, sólo hay una manera de hacer país y encontrar la paz: ser amigos, tan sencillo como eso, tan sencillo y complejo, incluso para nosotros, los todopoderosos y omniscientes psicólogos.
Por: Igor Valverde Rodríguez